El deterioro de la Ruta Nacional 33, a la altura de Firmat, está generando consecuencias que superan ampliamente los inconvenientes del tránsito. Eduardo Cimino, dueño de una gomería local, asegura que repara unas 80 llantas por mes —unas 4 por día— debido a los daños que provocan los pozos, la falta de señalización y las banquinas intransitables. Los costos para automovilistas y transportistas son altísimos: más de $50.000 por reparación, y desde $100.000 si deben cambiar el neumático. A esto se suman los daños colaterales en amortiguadores y tren delantero. Según Cimino, manejar por la zona sin conocerla es un riesgo de vida.
Para el gomero, la raíz del problema es clara: la inacción estatal. “El Estado no hace nada. Ni Nación, ni Provincia, ni los municipios. Se tiran la pelota y mientras tanto la gente gasta fortunas y pierde la vida”, sentenció. Mientras tanto, la Ruta 33 —clave para el 60 % de la producción agrícola y el 90 % de la harina de soja— sigue acumulando siniestros: 69 personas fallecidas, más de 300 heridas y 823 vehículos involucrados. La obra, históricamente postergada, sigue sin solución a la vista.

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